Ayer escuché una historia que me pareció más aterradora que la saga de Saw.
Varias familias del colegio de mis hijos han acudido a un orientador que supuestamente les dice cuál debe ser la carrera que han de estudiar (y dónde) usando una técnica que consiste en tomar fotos del adolescente y medir en función de las zonas de más calor dónde, aparentemente, se produce una mayor sinapsis neuronal*. Esto sirve a este orientador para emitir una opinión y, por ejemplo, si existe mucho color en la zona de la boca le conduce a la conclusión de “es que le gusta mucho hablar y mejor que se dedique a una rama social” (cita literal del relato de unos padres asombrados).
La historia no termina ahí. Después el orientador afirma con rotundidad conocer el salario que ese joven ganará a cuatro años vista (mejor dicho, 6, porque estamos hablando de chavales de primero de bachillerato). Sin aplicar coeficientes de corrección, distinguir si el contexto será público o privado, el país, la inflación u otros riesgos que afecten los sueldos, como por ejemplo ha sucedido con la guerra de Ucrania. Y le dice que esa es su mejor opción, hundiendo a la joven en una mayor confusión.
Cuando escucho estas historias no puedo nada más que indignarme, apenarme y preocuparme.
Este tipo de charlatanes del siglo XXI está tirando por los suelos la profesión que ejercen con ética y respeto miles de profesionales que se dedican al mundo de la orientación y el coaching de carrera.
Es difícil definir el futuro profesional en un mundo globalizado y digital que cambia a pasos agigantados. Lo es para los jóvenes y para los adultos consolidados, que ven como su carrera se dilata y tienen mucho tiempo todavía de vida profesional. Para los de edad temprana, han proliferado la parición en colegios e institutos de la figura del orientador, que ayuda a los chicos a transitar hacia su futuro profesional. Muchos de ellos se apoyan además en test psicotécnicos, de personalidad y de intereses para dilucidar cuál será la mejor opción teniendo en cuenta la información disponible.
[Otro día podríamos hablar de la falta de medios y tiempo que tienen estos orientadores / psicólogos para abordar los múltiples objetivos que les han puesto en los colegios: atender las necesidades propias de los niños durante su proceso madurativo, el seguimiento especial de niños con trastornos del neurodesarrollo y darles a todos una orientación sobre su futuro. En mi opinión se les pide mucho sin un apoyo y recursos proporcionales para hacer tanto].
La evolución de las herramientas para la orientación
Volviendo al tema central del artículo, apoyarse en pruebas psicométricas aporta un punto de información, aunque como se ha demostrado tampoco es la panacea. Por contextualizar, voy a resumir un poco la historia de la orientación. Primero se creyó que la inteligencia sería el factor más relevante de éxito de carrera. El experimento de los pequeños genios de Terman (conocidos como «termitas»), demostró que no.
Luego Holland descubrió que la mayoría de las personas podían ser descritas por uno o más de seis tipos de personalidad: realista, investigativa, artística, social, emprendedora y convencional. Creó un sistema que vinculaba estas características con los mayores grupos de intereses creando un listado de características usado todavía a día de hoy:
- Realista: práctico, físico, concreto, pragmático, mecanizado y orientado a las herramientas
- Investigador: analítico, intelectual, científico, explorador, pensador
- Artístico: creativo, original, independiente, caótico, inventivo, involucrado con los medios, los gráficos y los textos
- Social: colaborador, solidario, que ayuda a los demás, sanador/cuidador, docente
- Emprendedor: entornos competitivos, liderazgo, persuasión, estatus
- Convencional: orientado a los detalles, organización, administración
Después otro autor, Hogan, planteó que cada persona proyecta sobre las ocupaciones sus puntos de vista acerca de ella misma y del ambiente laboral que prefiere. Esto fue la base para otros test que hablaban no sólo de carreras sino también de la idoneidad del ajuste del profesional al puesto laboral. Sobre esta teoría se han diseñado a lo largo de los años múltiples test disponibles en el mercado – algunos gratuitos y otros de pago-siendo como el Myers-briggs, 16 personality types, el eneagrama, el tetramap… por nombrar algunos ahora de memoria, aunque hay muchos más.
Los test no son suficientes
Hacer un encaje entre intereses y personalidad es una buena manera para enfocar, especialmente en etapas tempranas profesionales, cuando todavía los jóvenes están formándose, porque por algún lado hay que empezar.
Pero es importante recordar que no es determinante. Primero porque es cambiante. Desde los 15 años a los 24 los jóvenes pueden cambiar varias sus rasgos de personalidad e intereses, hasta que terminan por cristalizarse en la edad adulta.
Y segundo, como los investigadores de la corriente socio-cognitiva sobre la gestión de la carrera consideran todavía más importante, porque existen otros factores para el éxito o el fracaso que pueden llegar a ser muy determinantes: como la voluntad de la persona, el apoyo social, la conductividad del entorno. Albert Bandura ya demostró que la auto eficacia (creer en uno mismo) podía cambiar lo predicho por el mejor de los test.
A menudo la ciencia asienta dogmas en términos absolutos…que luego se demuestra que son relativos. Es decir, se sabe con absoluta certeza que hay cinco rasgos de la personalidad que se suelen mantener bastante estables a lo largo de la vida de un profesional. Que se mantengan estables es relativo porque dependen de otras variables relacionadas con la propia persona y de su contexto.
Lo mismo ocurre con los intereses. Que se mantengan o no, que evolucionen o no depende de cada individuo.
Esa situación de ambigüedad, de falta de determinismo, asusta y genera inseguridad a los jóvenes cuando tienen que decidir su futuro profesional. También a sus padres. Para reducir la ansiedad buscan criterios y datos para definir un camino, lo cual me parece no solo razonable sino prioritario. Pero en mi opinión más que una respuesta sobre qué hacer a corto plazo, deberían aprender a desarrollar la competencia de la gestión de la carrera. Antes podía ser definitorio la elección de qué hacer después de la educación obligatoria secundaria, especialmente con la mayoría de carreras lineales. Ahora las carreras son orgánicas, cambiantes. El primer paso puede ser importante, pero ya no es tan determinante.
Mantuve correspondencia por WhatsApp con estos padres sobre este tema y además de darles mi opinión les dije que iba a escribir en el blog sobre lo que les había pasado. Me pidieron incidir en el daño que puede causar un pseudo orientador en un momento sensible en la vida de sus hijos. Sus palabras textuales fueron: “el enfoque de este señor no era el de exponer mediante el uso de herramientas contrastadas datos para que el alumno tuviera información para decidir, sino que se atrevía a hacer aseveraciones tipo tengo la verdad absoluta sobre lo qué la niña podía y no podía hacer. Le dijo a su hija que ella no podía aspirar a un puesto directivo sino que sólo a un mando medio porque no sabía tomar decisiones correctamente. Se atrevió a hacer esa afirmación basándose en que a la pregunta como elegirías un móvil ella dice que utilizó una estrategia de eliminación y no sé que otra y eso no la hacía apta para puestos de alta dirección donde se tenían que tomar las decisiones de otra manera. Nos preocupó como podía infundir creencias en adolescentes sobre que tienen características INAMOVIBLES y que siempre va a ser así o que cómo eligen un móvil a los 17 años determina para siempre si son aptos o no para tomar decisiones importantes en un futuro”.
¿Entonces qué hacemos?
El orientador ejerce una función fundamental: enseñar a desarrollar estrategias para lidiar con lo incierto y lo inesperado, para virar conforme evolucione su personalidad y cambien sus intereses. No le pondrá el plato delante y le dará de comer, le ayudará a aprender a cocinar y a valerse por si mismo.
Los orientadores y coach de carrera se han de apoyar en la ciencia y en herramientas tecnológicas para aumentar exponencialmente su conocimiento sin perder su toque humano y su capacidad para calmar, dar confianza. Para hacer comprender al joven que tiene mucho tiempo por delante y que aunque se equivoque, tiene margen para construir su futuro. Como yo explicaba en el Libro “El Mapa de Tu Talento”, la carrera tiene distintas fases y ya no es una escalera, sino un largo y apasionante camino.
Estoy totalmente a favor de recurrir a los servicios de orientación, especialmente a los que en lugar de dar respuestas, enseñan a los jóvenes la competencia de gestionar su carrera. Una habilidad que será fundamental y crítica para su futuro profesional. Orientadores con preparación sólida, validada y certificada por entidades de prestigio y calidad que ayuden a distinguirlos de los charlatanes.
Recomiendo a padres y profesionales que estén buscando ese tipo de guía que usen el mismo criterio que cuando invierten en formación: explorar la calidad el programa y las credenciales de la institución. De no hacerlo pueden acabar con una mayor confusión que cuando empezaron y tirando el dinero. En educación lo barato e inadecuado siempre sale caro.
Este tipo de experiencias negativas contribuyen a la leyenda negra de que todos los orientadores, coach, o las personas que se dedican a las profesiones de asesoramiento son unos charlatanes -lo mismo suceden con otras profesiones que “explotan su conocimiento”, como abogados y consultores.
Vivimos en la economía del conocimiento**, invertimos muchos años en aprender y poner en práctica lo aprendido. Cobrar por ello no es malo, es más, es necesario. Que se lo digan si no a los que estudian medicina, diseño, arquitectura, finanzas o sobre alimentos. Sin remuneración los profesionales del conocimiento no pueden seguir invirtiendo en seguir aprendiendo estrategias excelentes y rigurosas que mejoren el asesoramiento que prestan. A estos padres que querían ayudar a su hija les doy las gracias por buscar esa ayuda. Lamento de corazón que no la encontraran, porque hay gente buena en el ámbito de la orientación.
Los mejores orientadores son los que ayudan a vuestros hijos a desarrollar una de las competencias que más les ayudará a alcanzar el éxito. Mucho más que su coeficiente de inteligencia (los termitas no ganaron premios Nobel) o su rasgo de personalidad (no hay uno que destaque frente a otros). Lo que les ayudará a desarrollar estrategias para una vida en la que su identidad profesional y la personal estén equilibradas es aprender una nueva competencia: la de crear carreras sostenibles
*Sinapsis Neuronal: impuso nervioso que se produce a través de las neuronas y que posibilita su comunicación. Fuente:
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/sinapsis-lenguaje-neuronas-cerebro_14098
** Economía del conocimiento: La economía del conocimiento, economía basada en conocimiento (EBC) o industria del conocimiento (en inglés: knowledge economy) es el sector de la economía que utiliza la información como elemento fundamental para generar valor y riqueza por medio de su transformación a conocimiento. Fuente: Wikipedia
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